lunes, 9 de mayo de 2011

pensamientos reciclados

En el justo momento que no pienso nada, que los fantasmas vuelan dentro de mi frente y me pican los ojos por descubrir nuevas estructuras recicladas, entonces te pienso y otra vez dejo de pensar.

no te quiero no te quiero no te quiero no te quiero no te quiero no te quiero no te quiero no te quiero no te quiero no te quise no te querré no existes no te quiero no existo no te querre no existo yo no no no no te quiero si te quiero si te quise si te querré


domingo, 30 de enero de 2011

Una buena despedida

Me envió un mensaje de texto que decía “no t kiero cmo tú a mí”.  Le contesté con una carita triste.

sábado, 29 de enero de 2011

Ya


Decidí que no te voy a querer más.
Te llamaré.
Te diré que ya no fumo, ni bebo,
Que ya no te quiero.
Y te preguntaré tu nombre porque lo habré olvidado.
Con indiferencia contestaré que no sé quién eres
Y olvidaré para qué fue que llamé.
Colgaré.
Tú, al otro lado
Apretarás el teléfono vacío
Y harás tu llanto sin asombro, sin nada.
No comerás por varios días.
Esperanzarás que todavía tienes tiempo.
Y reunirás el poco amor que te quedará,
Lo acariciarás, lo besarás,
Pero te darás cuenta de que no sirve para nada
(y es cierto).
Y con mucho coraje lo tirarás a la basura.
Me pensarás como una enfermedad.
Querrás curarte de mí pero no podrás.
Y te internarán en un manicomio.




Soy extraterrestre


Tus besos me saben a agua destilada
Tus abrazos se sienten como el aire acondicionado
Tus caricias parecen lechugas
El amor a salchichas

Matarte una vez más


Sé que no estoy sola y me desnudo
Como me desnudo cuando no estoy sola.
Sé que me estás mirando y
Desde que me miras dejé de estar sola.
Y doy la espalda
Y me quito la única bata
Y te miro por encima del hombro
Y confirmo que no estoy sola.
Sé que estoy acompañada y me desnudo
Como lo hago cuando sé voy a cumplir un deseo.
Y moldeo mis rizos y te vuelvo a mirar
Y mis ojos narran el futuro
Y te agrada, sonríes
Y desearías no haberme visto desnuda.
Me volteo completamente
y te miro de frente.
Como lo hago cuando estoy acompañada
Y sé voy a cumplir un deseo.
Desearías no haber deseado nunca
tu deseo

Te encanta lo que ves.
Me acerco a ti y mis rizos cobran vida propia
Te estrangulan,
como lo hacen cuando aman.
Y yo desearía hacerlo de nuevo cinco veces
Pero matarte sólo una vez más.
Mueres.
Sé que estoy sola y me visto
como lo hago cuando estoy sola.


martes, 18 de agosto de 2009

Lágrimas desnudas

"No me hubieras dejado esa noche,
porque esa misma noche encontré un amor.


Me abrazó al instante mismo que tú me dijiste adiós,
y no fue una gran tristeza,
fue como ir de menor a mayor…"  Esa noche, Café Tacvuba


<<..No me hubieras dejado esa noche>>


Ignoraste los dolores que te comenzaron en la tarde porque tus venas temblaban. Si hubieses podido, las hubieses arrancado de tus brazos. Te enterrabas las uñas en la piel sombría, andrajosa. Rascabas con desesperación tus brazos, tu cuello, tus piernas, tus antebrazos duros y llagosos. Esa noche esperabas con impaciencia a tu compañero, quien compartiría paz y relajación, al menos por unas horas. Pero cuando él llegó, los dolores en tu vientre se intensificaron y te retorciste en el suelo. Era un dolor intenso, profundo, en las caderas, en el torso. No lo pudiste controlar. No habías comido nada, tampoco tenías hambre, mas una eterna e infinita ansiedad. Instintivamente reaccionaste a las contracciones y once minutos más tarde, yo nací. Tú me dejaste para irte a volar.


<<... Porque esa misma noche encontré un amor>>


No eras feliz, tampoco sentías tristeza, ni soledad, ni nada. Saciabas tu ansiedad y tus deseos más profundos cuando sentías que aquella aguja te tocaba la piel, penetraba esa primera capa y llegaba hasta la sangre; cuando sentías ese pequeño pinchazo, seguido del escalofrío recorriendo por tu cuerpo, tu mundo se paralizaba. En cambio yo, ahí tirado en el suelo duro y húmedo, sobre unas páginas de diarios viejos junto a un bote de basura. Me sentía triste como un globo que se pierde entre las nubes sin conocer su destino, con un llanto profundo, incesante, que al parecer ningún ser humano escucharía… sólo una perra, que me lamió, limpió la sangre y se comió el cordón de mi ombligo. Se quedó conmigo y sentí calor. Esa misma noche, esa perra callejera me ofreció su amor. Ella, que parecía que estaba esperando tu momento de partir, parecía que lo sabía todo.


<<...Me abrazó al instante mismo que tú me dijiste adiós>>


La intensidad del calor de aquel animal era palpable. No importa lo desdeñable que estaba, para mí era hermosa. Sentía que me abrazaba fuerte, mientras que tú ni me mirabas. Dormías de manera grotesca, a sólo pasos de mí. Sin embargo, tenía hambre, mucha hambre y no había nada que ella pudiera hacer por mí. Mi llanto era profundo, fuerte, desde adentro del vientre. Nadie me entendía, nadie me escuchaba. Me cansé y dejé de llorar. No tenía fuerzas para nada. Me dio mucho sueño y quedé dormido entre sus patas.


<<…y no fue una gran tristeza>>


Abrí los ojos y tú no estabas, ella tampoco. En ese momento sentí el estómago tocando mi espalda. El dolor era tanto que no me permitía quejarme, el frío aún mayor. Las moscas se paseaban por mi cara y me hacían cosquillas. Las hormigas, los gusanos y los mosquitos, intentaban comerse mi cuerpo.
Fue la última vez que abrí lo ojos, no había nadie a quien mirar y los cerré. Ya no podía moverme, no podía gritar, ni siquiera sentí el hambre. Olvidé cómo respirar y no fue una gran tristeza. Sonreí. Dormí feliz. Nadie me despertaría.


<<...fue como ir de menor a mayor>>


Nunca supiste de mí. Cuando regresaste, ya no estaba. Pero ella, ella sí estaba allí, junto al bote de basura husmeando entre las páginas de diarios manchadas con sangre, y te vio. Sus ladridos estaban llenos de coraje y furia. Se quedó derecha y te miró con rabia directamente a los ojos.
Le ofreciste un pedazo de carne que te regalaron y comió junto a ti. Le hablaste, te desahogaste porque sabías que ella sí entendería tus palabras: “¿dónde está mi bebé?”, suspirabas lento y despacio una y otra vez, sintiendo el dolor que creías que ella también sentía. Lloraron juntas. Secó tus lágrimas desnudas con su lengua áspera y maloliente, pero no te molestó, al contrario, la abrazaste fuerte por un largo rato. Reservaste tus últimas lágrimas y luego de un leve gemido sacaste la cuchara, el encendedor y una jeringuilla. La perra, observó cuando utilizabas tus más preciados tesoros para continuar… para recuperar el alma.